Washington, USA.- (SECOSICE) Los grupos pro inmigrantes observan nerviosamente cada declaración, cada paso que el gobierno de Barak Obama da en busca de señales de que realmente vaya a impulsar próximamente una reforma migratoria.Algunos ya comienzan a cansarse de la incertidumbre y proponen estrategias radicales de presión. Es el caso del Reverendo Miguel Rivera y su Coalición Nacional de Líderes Cristianos (CONLAMIC), que ha causado un gran revuelo al hacer un llamado a los latinos, particularmente los indocumentados, a boicotear el Censo del año que viene.
Su eslogan es: “Antes de contar nos tienen que legalizar”. Rivera, quien dice representar a mas de 20 mil iglesias evangélicas de pequeña membresía —no las megaiglesias con miles de fieles— lleva varias semanas haciendo ese llamado, enviando comunicados, hablando pública y combativamente sobre el asunto.
“Según un sondeo interno de nuestras iglesias, podemos asegurar en este momento que al menos un millón de personas estarían participando en este boicot”, dijo Rivera en una entrevista. El líder evangélico señaló que ésta es una táctica “radical” para llamar la atención del Congreso, después de años de seguir una estrategia más “convencional y cómoda”.
Anunció que el próximo sábado 6 de junio miles de cristianos acudirán frente a la Casa Blanca al mediodía para celebrar el “Dia Nacional de Clamor a Dios”.
Rivera afirmó que más de un 38% de los miembros de las Iglesias Cristianas Hispanas son indocumentados y que Washington ha demostrado una y otra vez que no cuentan políticamente ni de ninguna otra manera. “¿Para qué contarnos entonces?”, preguntó Rivera.
Otros grupos, sin embargo, están criticando duramente a Rivera por lo que consideran una actitud equivocada y hasta peligrosa.
“No conozco ninguna otra organización que esté de acuerdo. El boicot nos va a perjudicar más que nos va a ayudar”, dijo Samuel Rodríguez, presidente de la Coalición Nacional Hispana Cristiana, un grupo con sede en Sacramento pero de alcance nacional.
Rodríguez, sin embargo, reconoció que la situación es desesperada y la intención apropiada, y que “hacen falta acciones contundentes”. Pero indicó que se inclina más por hacer presión sobre el Presidente y los miembros del grupo latino del Congreso.
“Ellos lo tienen en sus manos. Pueden, por ejemplo, detener votos en otras prioridades del Presidente, si no se da una reforma… también podemos presentar un reto: si no aprueban la reforma en 2009, habrá un movimiento contundente en el pueblo hispano para asegurar que en 2012 no seamos un juguete político de un Presidente que no cumplió su palabra”, dijo Rodríguez.
Grupos que trabajan por educar a la comunidad latina en la importancia de participar en el Censo dijeron que el daño será mayor que el beneficio en caso de hacerse un boicot de este tipo.
“Hay 300 mil millones en fondos estatales y federales cuya distribución depende de las cifras que arroje el censo”, afirmó Nancy Ramírez, especialista sobre el Censo del Fondo Mexicoamericano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF).
Ramírez indicó que aunque es correcto decir que los indocumentados no se benefician de muchos servicios gubernamentales, “muchas familias son mixtas, y los niños, documentados o no, van a la escuela”.
“El sistema ya sufre por falta de fondos, se están despidiendo maestros… esto sólo empeoraría la situación”, dijo Ramírez. “Nuestra lucha cada 10 años es justamente esa, lograr que cuenten a nuestra comunidad porque en el Censo anterior hubo un subconteo cuatro veces mayor entre latinos que entre blancos”.
Hay quienes consideran que las diferencias entre grupos cristianos tienen que ver con luchas de poder y deseos de destacarse en el liderazgo de una Iglesia Evangélica que sigue creciendo a pasos agigantados entre la comunidad latina.
“Hay cierta tensión de liderazgo en la comunidad cristiana. Siempre hemos sido un montón de comunidades, nunca hemos tenido una voz que nos una, hay dos o tres, al menos”, dijo Juan Martínez, director del Centro para el Estudio de la Iglesia y la Comunidad Hispana del Seminario Teológico Fullera, en Pasadena.
Martínez agregó que le llamó la atención la idea del boicot. “En verdad suena atractivo, pero creo que este tipo de acciones no deben usarse sino como último recurso”.
“No estoy persuadido de que ésta es la mejor acción; puede hacernos daño y, además, no sé cuál sería su alcance”, agregó Martínez. “Si llegamos al 2010 y no hay reforma, entonces yo sería partidario de hacer un llamado no sólo a los indocumentados sino al pueblo latino, que fuéramos 20 ó 30 millones protestando”.
Para Rivera, esa situación desesperada ya está aquí. “Pensamos que todo esto es una farsa, un atropello. Que ambos partidos siguen demostrando que le roban la dignidad al pueblo indocumentado y luego tienes a esas organizaciones diciendo que debemos seguir dormidos”, dijo Rivera, combativamente.